El Observatorio Solar de Chankillo

Autor: Iván Ghezzi

Al sur de la ciudad de Casma, en medio del desierto, se yerguen unas enigmáticas estructuras de piedra de 2.300 años de antigüedad: un centro ceremonial que incluye una imponente fortaleza y trece torres que forman un horizonte artificial “dentado” que marca las posiciones del sol. las investigaciones recientes demuestran que estas construcciones guardan relación exacta con el movimiento del sol a lo largo del año, lo cual prueba que servían como un calendario solar para los antiguos pobladores de la zona. Este descubrimiento inserta a chankillo en la reducida y exclusiva lista de los observatorios más antiguos del mundo.

Vista aérea de Chankillo

Vista aérea de Chankillo

Astronomía de horizonte

El estudio de las evidencias históricas en las crónicas y otros documentos coloniales, y el análisis de la disposición espacial de la arquitectura sagrada en el Cusco, en particular el sistema de líneas imaginarias o ceques, han permitido reconstruir diversos esquemas de control del tiempo a través del paisaje entre los incas (Zuidema 1995; Aveni 1997; Bauer y Dearborn 1998). Los llamados “Pilares del Sol” han recibido gran atención. Fueron descritos por varios cronistas como grandes pilares de piedra ubicados en el horizonte visible desde la plaza principal de Cusco. Lamentablemente han desaparecido sin dejar rastro, y por lo tanto, no hay un consenso sobre su función precisa. Aparentemente fueron usados para marcar los tiempos de siembra y cosecha y para regular otras prácticas estacionales.

Los Pilares del Sol Inca son un ejemplo de “astronomía de horizonte”, práctica típica de sociedades tradicionales que registra el movimiento de los cuerpos celestes con relación a su intersección con el horizonte (Ruggles 2005a). Los calendarios de horizonte solar fueron de gran importancia entre los pueblos indígenas de América. Algunos no se basaban en el sol, como el calendario tradicional luni-estelar de los Borana de Etiopía y Kenia (Bassi 1988).

La astronomía de horizonte parte de principios muy sencillos. Si, por ejemplo, desde un punto fijo se observa cada mañana la salida del sol sobre un horizonte con elementos distintivos, como picos y valles, se verá que la posición de salida se mueve diariamente a lo largo del horizonte durante el año. Por tanto, si se toma nota del punto en el horizonte en que se produce la salida en una fecha determinada, o si se marca este punto con una construcción humana como los Pilares del Sol, en Cusco—, la naturaleza cíclica del sol hará que este mismo alineamiento se repita en el mismo lugar y fecha cada año, lo que permite su uso como un calendario.

Alineamientos Astronómicos en Chankillo
Se ha postulado que las Trece Torres, una fila de trece construcciones sobre la cima de una colina en Chankillo, Casma, pudieron funcionar de manera análoga a los Pilares del Sol Inca; es decir, como marcadores de horizonte que, vistos desde un punto fijo, se alineaban con el sol en fechas determinadas (Ghezzi y Ruggles 2007).

Vista de los torreones desde la fortaleza de Chankillo

Vista de los torreones desde la fortaleza de Chankillo

Es ampliamente reconocido en la arqueoastronomía que, en ausencia de registros históricos, es peligroso sacar conclusiones solo a partir de las orientaciones. Por ello, existen maneras establecidas de comprobar este tipo de interpretación.

Es necesario hallar un punto de observación fijo y un marcador en el horizonte. De preferencia, estos deben ser un producto inequívoco de la actividad humana, como plataformas, accesos, pilares de piedra, etc. Además, el alineamiento entre estos debe apuntar hacia un evento astronómico culturalmente significativo para la sociedad en estudio. A continuación se presenta una descripción breve del sitio arqueológico Chankillo y de los elementos (puntos de observación y marcadores) que han permitido la interpretación de su famoso observatorio solar (Ghezzi 2006, 2007; Ghezzi y Ruggles 2007; Ghezzi 2008; Ghezzi y Ruggles 2008a, 2008b).

Chankillo es un complejo arquitectónico planificado de carácter monumental, que tiene simultáneamente atributos de centro ritual, administrativo y defensivo. Se ubica en el valle bajo la cuenca de los ríos Sechín – Casma, en la región Ancash, y fue ocupado aproximadamente entre los años 400 y 100 a.c. Es el ejemplo más destacado de una nueva clase de sitio monumental que hizo su aparición en el paisaje cultural de la costa centro norte, en particular entre los valles de Virú y Huarmey, probablemente después del abandono del templo de Chavín de Huántar. Estos asentamientos solían ubicarse en las cumbres de los cerros —los lugares más apropiados para la prevención y defensa frente al enemigo— y constituyen la arquitectura pública de mayor envergadura para su época, que no se encuentra ni en aldeas ni en los conjuntos de arquitectura residencial de élite (Willey 1953; Bonavia 1982; Proulx 1985; Daggett 1987; Wilson 1988, 1995; Przadka y Giersz 2003).

Mapa de Chankillo donde se observan: (A) trece torres; (B) observatorio oeste; (C) observatorio este; (d) Centro administrativo; (e) Plaza; (F) Fortaleza. Coordenadas expresadas en el sistema utm, zona 17l, datum World Geodetic system 1984.

Mapa de Chankillo donde se observan: (A) trece torres; (B) observatorio oeste; (C) observatorio este; (d) Centro administrativo; (e) Plaza; (F) Fortaleza. Coordenadas expresadas en el sistema utm, zona 17l, datum World Geodetic system 1984.

Desde los escritos de Collier, y con mucha razón, se ha puesto énfasis en la probable relación entre la construcción de asentamientos fortificados como Chankillo y la creciente proliferación de armas en ajuares funerarios, por un lado, e imágenes de guerreros, por el otro (Collier 1955, 1962; Makowski 2002; Ghezzi 2006, 2007). Por lo tanto, su estudio aporta valiosa información sobre la forma en que se ejercía el poder en un periodo clave de la prehistoria andina, que transcurre entre el auge de los grandes centros ceremoniales del periodo de origen de la civilización, o Formativo, y la formación de estados expansivos en el periodo de Desarrollos Regionales. Chankillo comprende varios conjuntos monumentales de piedra y argamasa de barro, entre ellos la Fortaleza y las Trece Torres, ambos ubicados en la cima de promontorios rocosos, separados por descampados arenosos en los que se encuentran amplios recintos. El sector más conocido de este sitio es la llamada Fortaleza, una imponente estructura de 300 metros de largo ubicada de forma estratégica sobre una colina, y fuertemente defendida mediante murallas y accesos restringidos. Este edificio ha sido interpretado como una fortaleza, un reducto, o incluso, un centro ceremonial (Topic y Topic 1997). No obstante, las investigaciones arqueológicas recientes permiten ofrecer una interpretación alternativa de la función de este edificio como templo fortificado (Ghezzi 2006, 2007, 2008). El área ubicada al este de la Fortaleza contiene varios edificios, plazas y patios. El elemento más sobresaliente de este sector lo conforman las Trece Torres, una fila de trece construcciones cúbicas que se encuentra sobre una colina baja aproximadamente al centro del sitio. La hilera de torres tiene una orientación norte-sur, pero las torres 11 a 13 —si se cuentan a partir de la torre situada más al norte presentan un cambio de dirección hacia el suroeste. Cada torre tiene un par de escalinatas empotradas que llevan a la cúspide. Vistas desde la parte baja, las torres forman un horizonte artificial “dentado”.

Además de las Trece Torres, Chankillo posee al menos dos puntos de observación. Al pie de las torres, en el lado oeste, se ubica un grupo de estructuras cercado por muros perimétricos que probablemente sirvieron para controlar el tránsito. Destaca un edificio compuesto de dos patios rectangulares adyacentes. El patio mayor, al sureste, fue construido con cuidado, enlucido y pintado de blanco. Al muro sur de este edificio se adosa una construcción muy particular: un corredor de casi cuarenta metros de largo, también enlucido y pintado de blanco. Curiosamente, este corredor no conduce al interior del edificio, sino a un umbral de salida orientado directamente hacia la hilera de torres, ubicada a 235 metros.

Hay varias razones para identificar en este preciso lugar un posible punto de observación al oeste de las torres. En primer lugar, los umbrales en Chankillo por lo general presentan cajuelas, como se llama a los pequeños nichos en los que probablemente se ataban soportes para algún tipo de puerta de madera (Topic y Topic 1997). Este umbral es el único identificado en Chankillo hasta el momento que no cuenta con cajuelas. Es decir, no había puerta: nada impedía la vista de las torres desde el umbral. Por otro lado, el corredor probablemente estaba techado y era muy estrecho, casi como un túnel.

Considerando esto, y su orientación hacia el sureste, solo desde el umbral de salida se pudo apreciar sin obstáculos el horizonte artificial formado por las torres. Hubiera bastado estar solo un par de metros atrás del umbral de salida para perderse esta magnífica vista. Finalmente, las excavaciones en este punto revelaron varias ofrendas. Se infiere, por lo tanto, que la función del corredor era la de regular un ritual que consistía en transitar por este hasta llegar hasta el umbral para depositar ofrendas y contemplar el horizonte artificial formado por las Trece Torres.

Las trece torres, la disposición de las torres de Chankillo vistas desde la Fortaleza.

Las trece torres, la disposición de las torres de Chankillo vistas desde la Fortaleza.

Al pie de la colina en que se hallan las torres, del lado este, hay una amplia plaza rodeada por un gran complejo arquitectónico y edificios menores. Es notable el elaborado diseño del complejo arquitectónico: una plataforma sobre la que se construyeron patios y recintos de diversos tamaños, interconectados por pasajes y accesos restringidos. Una pequeña escalinata es el único acceso a todo este conjunto. Destaca al ingresar un amplio patio rodeado de una plataforma en forma de U, con pa- res de escaleras que distribuyen el tráfico hacia los diferentes ambientes. La plaza es un gran espacio abierto frente a este edificio. La Fortaleza y las Trece Torres, por su posición elevada y su escala monumental, destacan como los elementos  dominantes del paisaje visible desde la plaza. Por sus instalaciones y los restos en su superficie, este sector es interpretado como un área pública con una combinación de funciones relativas a la administración y redistribución, así como prácticas rituales.

Detalle de muro de las construcciones al pie de los torreones

Detalle de muro de las construcciones al pie de los torreones

Las Trece Torres pueden apreciarse a simple vista desde muchos puntos de la plaza. Sin embargo, un edificio en particular pequeño y relativamente aislado, situado en un extremo de la plaza resulta de sumo interés. Su ubicación es simétrica a la del punto de observación  al oeste: ambos se encuentran casi exactamente en la misma línea este-oeste, tienen la misma elevación y están casi a la misma distancia de las torres. Desde este pequeño edificio, muy mal conservado, la porción del horizonte visible ocupada por las Trece Torres forma un horizonte artificial, y se infiere por su posición y orientación que también contiene un punto de observación.

Para comprobar que los puntos de observación en Chankillo permitieron usar las torres como marcadores de horizonte para determinar fechas, se realizó un estudio arqueoastronómico de los alineamientos en el sitio (Ghezzi y Ruggles 2007, 2008). Aun a simple vista, Chankillo muestra de inmediato atributos astronómicos: su orientación  coincide con la salida del sol en el horizonte en el solsticio de diciembre, o con la puesta del sol en el solsticio de junio.

Una vez que se realizan mediciones precisas de los alineamientos en Chankillo con los métodos de la arqueoastronomía, se revela un resultado extraordinario: cuando se aprecian las Trece Torres desde cualquiera de los puntos de observación, su extensión en el horizonte corresponde con gran precisión al rango de posiciones de la salida y puesta del sol a lo largo del año. Este hecho por sí mismo indica convincentemente  que las Trece Torres actuaban como marcadores de horizonte.

Por ejemplo, vista desde el punto de observación oeste, la salida del sol ocurre justo a la derecha de la torre más al sur en el solsticio de diciembre. Durante el solsticio de junio, el sol sale justo en el punto de encuentro entre la torre más al norte y la ladera  del Cerro Mucho Malo,  una formación  natural a tres kilómetros de distancia, que forma un intervalo similar a aquellos entre cada par de torres. Esta configuración especial sugiere que esta colina natural  podría haber sido percibida simbólicamente como una torre adicional. Probablemente fue un evento muy significativo para esta sociedad que, en la época asociada con festivales de propiciación de la cosecha, el sol emergiera flanqueado por una colina natural y una construcción humana.

Por otro lado, vista desde el punto de observación  oeste,  la  salida  de sol  equinoccial  ocurría exactamente en el intervalo entre las torres 6 y 7. Si contáramos al Cerro Mucho Malo como una “torre” adicional, tomando en cuenta su demostrada participación en los alineamientos  solares de Chankillo, entonces el equinoccio  ocurre al centro de la hilera de torres y la simetría se vuelve muy evidente. Los mismos extraordinarios  alineamientos solsticiales y equinocciales se aprecian desde el punto de observación este durante la puesta del sol.

Otro resultado  importante  es que,  cuando el sol empieza a distanciarse de sus posiciones extremas norte y sur, este se mueve solo dentro del rango del horizonte  demarcado por las torres.  Así, aparte de las torres alineadas con los solsticios, las demás torres e intervalos entre ellas habrían proporcionado los medios para rastrear constantemente el recorrido del sol a lo largo de este horizonte artificial con una exactitud de dos a tres días.

Precisión Astronómica: Fotografía de la salida del sol en el solsticio de junio, entre el cerro mucho malo y la torre 1, vista desde el punto de observación oeste

Precisión Astronómica: Fotografía de la salida del sol en el solsticio de junio, entre el cerro mucho malo y la torre 1, vista desde el punto de observación oeste

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Si el  propósito   principal  de las  Trece Torres fue servir como marcadores de horizonte para observaciones de salida y puesta del sol, ¿cuál  fue la relación entre este observatorio y el calendario de la sociedad que construyó Chankillo? Entendemos por calendario una convención cultural de medición y subdivisión de tiempo en unidades de duración fija. Un calendario generalmente  se basa en cálculos de tiempo, a partir de la observación de los ciclos astronómicos periódicos.

La  orientación  de  edificios  hacia  un  evento astronómico  significativo no es suficiente para reconstruir arqueológicamente un calendario; al igual que en la definición de observatorio es preciso valga la redundancia, hacer observaciones empíricas repetidas a lo largo del tiempo. Tomando en cuenta esto, ¿puede la disposición de las torres dar alguna luz sobre el calendario, es decir, sobre la forma en que el año hubiera  sido subdividido? Al parecer, sí. Las torres crean un horizonte artificial dividido en intervalos regulares por cortes profundos y estrechos formados por los espacios  entre ellas. Cuando se utilizaba  el punto de observación oeste, el sol salía solo por uno o dos días en cada espacio entre las torres.

La regularidad entre estos espacios sugiere que el calendario se dividía en intervalos iguales. Las salidas del sol en los espacios entre las torres 3 y 11 estaban separadas por lapsos de aproximadamente diez días, lo que implica que el año solar pudo haberse dividido en intervalos regulares. Sin embargo, estos intervalos de tiempo son más largos entre las torres extremas:  1-2 y 12-13, pues cuando el  sol alcanza esta posición cercana al solsticio, se mueve más lentamente respecto del horizonte.

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Muchas interpretaciones astronómicas a veces pueden encajar de una manera demasiado fácil, pero simplista,  con los  alineamientos  preexistentes.  En comparación con los muchos casos problemáticos en los Andes y alrededor del mundo, los alineamientos solares de Chankillo sí se presentan de un modo notablemente claro y convincente.

Primero, las torres son análogas a los Pilares del Sol documentados entre los incas, por lo que tenemos evidencias históricas indirectas de su existencia y propósito. Segundo, en esta interpretación no se están  seleccionando arbitrariamente objetivos astronómicos entre innumerables posibilidades,  como se intentó durante mucho tiempo para las líneas de Nasca, sino que se tienen indicaciones directas de los puntos de salida y puestas solsticiales y equinocciales. Estos son objetivos astronómicos cuya importancia en muchas cosmovisiones, incluyendo las andinas, está ampliamente confirmada (Ruggles  2005a). Tercero, otros alineamientos indicados por las torres permiten subdividir al menos una parte del año en periodos regulares. Por lo tanto, las Trece Torres pueden interpretarse con bastante certeza como un dispositivo calendárico empírico y pertenecen a la exclusiva lista de los observatorios del mundo antiguo.

Torreones de Chankillo

Torreones de Chankillo

Una sociedad de Astrónomos y Guerreros aun cuando sea posible, como en el caso de Chankillo, reconocer  la observación directa del movimiento anual del sol a lo largo de un horizonte artificial con el propósito de regular eventos estacionales tales como festivales religiosos o  el mantenimiento de un calendario, evaluar la naturaleza de estas observaciones y el contexto social y ritual en que se desarrollaban no es una tarea simple.

Un buen punto de partida  es tomar en cuenta que estas observaciones astronómicas pueden llevarse  a  cabo usando puntos  de  observación  y marcadores de horizonte  mucho más simples  que los presentes en Chankillo. Abundan ejemplos de la práctica de la astronomía de horizonte en las sociedades tradicionales usando un horizonte natural con elementos distintivos, como picos, laderas, rocas, etc. (Ruggles 2005a).

Por el contrario, en Chankillo los puntos de observación y los marcadores de horizonte se definen formalmente mediante construcciones ad hoc. En el caso de los marcadores, están hechos a una escala monumental, de alta visibilidad, y ocupan el lugar central en el que fue probablemente el espacio ceremonial más importante de esta sociedad. La magnitud en que el diseño y la ubicación de las Trece Torres exceden lo requerido para cumplir su función, desde un punto de vista estrictamente técnico, hace dudar de que su propósito haya sido solamente práctico, como regular la agricultura, la pesca y otras actividades estacionales.

Es evidente que en su diseño y construcción estuvieron involucrados también principios de otra índole, como motivaciones ideológicas, rituales, sociales, políticas, etc. En el mundo maya, por ejemplo, el reconocimiento y la predicción de ciclos celestiales fueron mucho más allá de la necesidad obvia de regular ciclos anuales de actividad según los cambios estacionales de la naturaleza, y tuvieron propósitos de adivinación y pronóstico (Aveni 1992).

¿Cuál fue entonces el contexto social y ritual en que ocurrían las observaciones astronómicas en Chankillo?

Para explorar este aspecto, es necesario situar las evidencias de alineamientos en su contexto arqueológico (Ghezzi 2006, 2007; Ghezzi y Ruggles 2007; Ghezzi 2008; Ghezzi y Ruggles 2008a, 2008b). En primer lugar, hay varios indicios de que en el diseño de Chankillo se ve reflejada una sociedad con cierto grado de diferenciación. Si se toma la hilera norte-sur de torres como un eje divisorio, hay un contraste obvio entre el lado este, con abundantes evidencias de actividades públicas a gran escala en espacios abiertos, y el lado oeste, donde existió un estricto control del acceso al templo fortificado y observatorio, y las prácticas rituales que se realizaban al interior de estos edificios.

Mientras la plaza habría recibido grandes grupos de peregrinos en ocasiones especiales, el acceso a los espacios del más profundo significado ceremonial, como los puntos de observación astronómica y el Templo de los Pilares en la Fortaleza, habría sido un privilegio para pocos. Así, es evidente que el diseño de Chankillo sugiere una organización social relativamente diferenciada (Ghezzi y Ruggles 2008).

Desde esta perspectiva, es importante tomar en cuenta la evidencia de banquetes rituales en Chankillo. En varios lugares de la gran plaza que se encuentran al este de las torres se hallaron ofrendas de antaras de cerámica y concha mullu (Spondylus princeps sp.). En los alrededores se encontraron basurales con restos de vasijas utilitarias, antaras y maíz. Además, se detectó la presencia de instalaciones para la preparación y almacenamiento de bebidas probablemente chicha, a juzgar por los abundantes restos de maíz.

Por lo tanto, en la plaza se habrían celebrado ceremonias en las que se consumían alimentos y bebidas, acompañados de música, danzas y otras prácticas rituales. Estas festividades estarían organizadas en un calendario ritual definido por la observación sistemática del pasaje estacional del sol. Algunos eventos astronómicos notables, visibles no solo desde los observatorios sino también desde la plaza por ejemplo, el ocaso del sol en el solsticio de diciembre sobre la Fortaleza, probablemente hayan sido las fechas centrales de este calendario ceremonial.

Durante estas festividades, un gran número de peregrinos se habría reunido en la plaza para participar de las ceremonias. El gran conjunto arquitectónico al este de las torres, por el diseño que sugiere administración, redistribución, almacenamiento, restricción del acceso y diferenciación social, habría sido un centro organizador de estas ceremonias y de control de las masas participantes.

La redistribución de bienes y alimentos en un contexto ritual para crear lazos de reciprocidad mutua, comprometer fondos o mano de obra para proyectos, establecer alianzas, intercambiar parejas, etc., es una de las estrategias universalmente practicadas por los líderes de la sociedad para obtener las ventajas económicas y políticas que consolidan las desigualdades de estatus social y riqueza en que basan su poder (Hayden 2001; Bray 2003). Así, los individuos con acceso a los espacios sagrados y en control del conocimiento astronómico hubieran sido los conductores y grandes benefactores en los banquetes públicos orquestados por el movimiento del sol.

Estos líderes habrían poseído la capacidad para una relación especial con el sol, tal como hicieron los incas casi dos milenios más tarde.

En este contexto, se pueden considerar como soporte de estas ideas las imágenes de guerreros de Chankillo. Las excavaciones en el observatorio oeste recuperaron una colección de figuras de cerámica que representan parejas de guerreros en duelo.

Portan armamento especializado, principalmente estólicas y dardos, pero también porras y lanzas; es decir, un kit apropiado para el ataque y defensa de una fortificación, además de la importancia del combate cuerpo a cuerpo y del prestigio que este confiere. El repertorio bélico incluye también escudos y otras formas de protección corporal, que indican la importancia de la integridad física del personaje durante la batalla.

Además del prestigio militar y social que confiere la destreza en la batalla, los guerreros usaban algunos ornamentos que simbolizaban su elevado estatus social, como la elaborada variedad de tocados, camisas, capas y ornamentos, probablemente hechos de metal, en la nariz, cuello y torso. Los símbolos de alto estatus, así como la evidente preocupación por la integridad física del personaje durante el combate, sugieren el ascenso social de una clase de líderes guerreros.

Figurinas de guerreros, que muestran una variada vestimenta, como taparrabo (k), faldellín (B, C), y camiseta (A, d); ornamentos como gorro (A, B, C, G, h, i), nariguera (A, B, C, F, G, h, i), collar (A, B, C, G) y pintura facial (A, i). Portan además instrumentos musicales, como pututo (J), y sonaja (e)

Figurinas de guerreros, que muestran una variada vestimenta, como taparrabo (k), faldellín (B, C), y camiseta (A, d); ornamentos como gorro (A, B, C, G, h, i), nariguera (A, B, C, F, G, h, i), collar (A, B, C, G) y pintura facial (A, i). Portan además instrumentos musicales, como pututo (J), y sonaja (e)

Entre los incas, las crónicas revelan detalles de prácticas rituales y creencias cosmológicas relativas a un culto solar regulado por el Estado. Existía un marcado interés en el movimiento de los cuerpos celestes y el calendario, y se ha sugerido que los rituales de culto al sol eran orquestados por los gobernantes para sustentar su origen divino, centralizar el poder y legitimar su autoridad (Ziólkowski y Sadowski 1989; Bauer y Dearborn 1998).

Cada vez hay más evidencias arqueológicas de que este culto solar, ritual oficial del Estado inca, tuvo precursores. Por ejemplo, las ceremonias de salida del sol registradas históricamente en un santuario de la Isla del Sol, en el lago Titicaca, tuvieron raíces preincaicas (Dearborn, et al. 1998; Bauer y Stanish 2003).

Dada la similitud entre el observatorio solar en Chankillo y los pilares documentados en el Cusco casi dos milenios más tarde, es probable que estas prácticas fueran relativamente comunes entre las sociedades que se desarrollaron en los Andes. Más aún, si se permite la comparación, es razonable proponer que el contexto ritual y social en el que operaban las observaciones astronómicas y el culto solar en Chankillo en el siglo IV a.C. fuera relativamente similar al del Cusco imperial.

Así, el rol primordial en el culto solar y las creen- cias cosmológicas relacionadas, la conducción de los banquetes ceremoniales, la redistribución de bienes y la excelencia en el combate, tanto real como ritual, habrían sido los atributos que otorgaban legitimidad y autoridad a una élite de líderes astrónomos y guerreros en Chankillo, como había ocurrido entre los incas casi dos milenios más tarde.

El observatorio y sus Trece Torres no fueron solo la expresión monumental de un conocimiento astronómico muy antiguo, o un instrumento para la observación solar, sino que habrían servido también para regular el calendario ceremonial y dar soporte a la jerarquía social establecida.

Infografía de Chankillo

Infografía de Chankillo

Entendiendo la arqueoastronomía

La arqueoastronomía es el estudio de las creencias y las prácticas relativas al cielo en el pasado, especialmente en la prehistoria (Aveni 2001; Ruggles 2005b). No es solo el estudio de los “alineamientos”, como pueden sugerir sus oríge- nes y buena parte de sus practicantes. Al contrario, cobija bajo el mismo techo ramas del conocimiento muy diversas, como la astronomía, la arqueología, la etnohistoria y la etnografía, por lo que es un campo de estudio profundamente interdisciplinario, también llamado astronomía cultural (Aveni 2008).

Es indudable que la astronomía fue fundamental para muchas sociedades del pasado (Ruggles 2005a). Un aspecto común en estas fue una vida gobernada por la observación de los objetos y eventos en el mundo que los rodeaba, incluyendo el firmamento. Así, muchas sociedades percibieron una estrecha conexión entre el movimiento cíclico de los objetos en el cielo y los eventos que transcurrían en la tierra.

A menudo la observación de estas conexiones tuvo aplicaciones prácticas, como cuando se empleaban las estrellas para la orientación y la navegación o cuando se registraban marcadores estacionales para controlar y mantener una provisión de alimentos a lo largo del año. Los calendarios, por ejemplo, aun los más rudimentarios, fueron siempre necesarios para la supervivencia en todo tipo de sociedad, desde las más pequeñas bandas hasta las más complejas sociedades urbanas.

Pero más allá de los requerimientos mundanos tras las prácticas astronómicas más básicas, otra característica común en las sociedades antiguas fue la necesidad de comprender el mundo que habitaban (Ghezzi y Ruggles 2008). En estos casos, la conexión percibida entre el cielo y la tierra solo cobraba sentido como parte de una manera particular de ver el mundo, es decir, dentro de una cosmovisión. Así, en general, la ubicación, diseño y orientación de tumbas, casas, centros ceremoniales, e incluso ciudades, pueden ser el reflejo de los principios cosmológicos clave de una sociedad.

Precisamente, en el estudio del pasado se han propagado en las últimas décadas enfoques que privilegian, entre otras cosas, entender cómo las sociedades prehistóricas percibían, concebían y ordenaban el mundo que habitaban (Hodder 1986). Este mundo incluye, por supuesto, el cielo. Si se adopta este enfoque, hay razones de peso para centrar los estudios en el firmamento (Renfrew y Zubrow 1994; Ruggles 2005a).

En primer lugar, se debe considerar que muchas sociedades concebían el cosmos como un todo que integraba al individuo y su comunidad. El cuerpo humano, la vivienda o el templo eran vistos como un microcosmos que reflejaba y reforzaba la naturaleza y estructura del cosmos mayor. El cielo fue siempre parte integral y prominente de este cosmos. Sus ciclos regulares fueron parte de la esencia misma de la vida, y sus ritmos fueron correlacionados con la hora del día y las estaciones. Por lo tanto, el estudio del cielo nos brinda una ventana directa a un aspecto esencial de la cosmovisión de las sociedades en el pasado (Ruggles 2005b).

En segundo lugar, tradicionalmente el estudio del paisaje prehistórico ha sido vital para la reconstrucción del modo de vida de una sociedad. Sin embargo, este cambia constantemente con el tiempo, a veces de manera gradual y a veces de manera abrupta: la ubicación de los asentamientos y el uso del suelo se alteran, la gente se mueve de un lugar a otro, las plantas y animales se adaptan o se extinguen, etc.

Así, solo podemos aspirar a un conocimiento indirecto e incompleto del paisaje en el pasado. Por ejemplo, la orientación de una tumba hacia un elemento particular en el entorno, como una huaca, puede no ser evidente si ese elemento ya no es visible hoy, debido a su destrucción por causas naturales o humanas.

A diferencia del estudio del paisaje en la tierra, el estudio del cielo nos permite reconstruir la posición del sol, la luna y las estrellas, vistos desde cualquier parte del globo, en cualquier momento en el pasado. Más aun: podemos visualizar esta reconstrucción directamente en un planetario o en la pantalla de una computadora. Entonces, siguiendo con el ejemplo anterior, cuando la orientación de la tumba se dirige hacia algún objeto en el cielo, potencialmente podremos identificar esta relación aplicando los métodos de la arqueoastronomía moderna, sin importar el tiempo que haya transcurrido.

Finalmente, el estudio de la astronomía nativa permite apreciar no solo las múltiples formas en que las sociedades humanas comprendieron lo que veían en el cielo, sino también cómo usaron este conocimiento con propósitos culturales, sociales o políticos. Quizá uno de los mejores ejemplos es la élite inca, cuyo derecho a gobernar fluía de su relación de parentesco con el sol.

También son numerosos los ejemplos de edificios cuyo diseño refleja la cosmovisión que imperaba en la sociedad que los construyó (Ruggles 2005a). Cuando este diseño incluye relaciones con el cielo por ejemplo, la orientación a la posición de un objeto celeste, entonces la arqueoastronomía permite reconocer esta relación y revelar aspectos importantes de la cosmovisión que la generó.

Por todo lo expuesto, no sorprende que la arqueastronomía sea cada vez más importante en el estudio del pasado de la humanidad. Sin embargo, pese a su relevancia, se debe reconocer que persisten en la práctica errores comunes de metodología e interpretación que dificultan su desarrollo como disciplina.

Las civilizaciones antiguas buscaban comprender el mundo que los rodeaba y entender la conexión vital entre el cielo, que forma parte integral de este mundo, y la tierra que ellos habitaban.

Un problema común es que la identificación de un alineamiento astronómico no significa necesariamente que este haya sido significativo para la sociedad que lo produjo, y que esa sea su función real (Ghezzi y Ruggles 2008). Todos los restos de la actividad humana tienen una orientación, y hay innumerables objetivos astronómicos potenciales que cubren casi todo el cielo visible. Por lo tanto, es relativamente sencillo, pero a menudo erróneo, descubrir alineamientos astronómicos en las tumbas, casas, geoglifos, templos, etc. En ausencia de evidencias históricas o de otro tipo que corroboren la función del alineamiento, darles una interpretación cultural puede ser muy problemático.

Esto es especialmente cierto en el caso de las supuestas alineaciones estelares que, aunque fueron comunes en la prehistoria, son muy difíciles de comprobar en ausencia de evidencia histórica que lo corrobore (Ruggles 1999). En primer lugar, hay un gran número de estrellas que pueden observarse a simple vista. Estas representan un punto extremadamente pequeño en el cielo, que cambia su posición con relación al horizonte de forma constante con el paso de los siglos. Es relativamente sencillo “encajar” una explicación astronómica a cualquier orientación aleatoria que se presente: basta elegir la estrella y la fecha apropiadas.

Por otro lado, la fecha de construcción de un edificio prehistórico rara vez se determina con una precisión mayor a la de algunos siglos, lapso durante el cual la posición de una estrella cambia muchísimo. Por lo tanto, no se puede proyectar con ligereza hacia el pasado, cuando las tecnologías de observación eran más simples, los alineamientos astronómicos que hoy se identifican gracias a la precisión que permiten los instrumentos modernos.

En síntesis, es muy difícil comprobar alineamientos estelares. Por el contrario, los puntos de salida y puesta del sol, la luna y los planetas se ven afectados por un cambio sistemático mucho menor que el de las estrellas, y que se mide en una escala de miles de años. Así, los posibles alineamientos a estos cuerpos celestes no se ven afectados significativamente por la incertidumbre en cuanto a la época en que se realizaban las observaciones, puesto que la posición de salida y puesta del sol respecto del horizonte visible es relativamente estable en el tiempo.

Sin embargo, mientras que los movimientos del sol respecto del horizonte son relativamente simples, los de la luna son complejos, y los de los planetas más complejos aun. Dado que la simplicidad en estos movimientos implica un número menor de objetivos astronómicos a los que puede orientarse una estructura, los alineamientos solares, y en menor medida los lunares, son aquellos que pueden establecerse con la mayor confianza a partir de los restos arqueológicos. Precisamente, abundan los ejemplos de la importancia de los alineamientos solares alrededor del mundo, y en especial entre los pueblos indígenas de América (Ruggles 2005a). Quizás el ejemplo moderno mejor conocido fue registrado entre los Hopi de Norteamérica (McCluskey 1977).

Un ejemplo de lo problemático que puede resultar interpretar supuestos alineamientos fuera de su contexto cultural es el caso de los famosos geoglifos en las pampas de Nasca. Gracias a las investigaciones de María Reiche, durante décadas se consideró que se trataba de un gran calendario astronómico, en el que las líneas apuntaban a las estrellas y las figuras representaban constelaciones (Reiche 1993). Sin embargo, las investiga- ciones posteriores demostraron que hay miles de líneas dispersas sobre un área enorme, y que estas se orientan virtualmente en todas las direcciones del horizonte. Mediante el análisis estadístico de sus orientaciones, se pudo demostrar que los supuestos alineamientos astronómicos no son el factor que pueda explicar la organización de las líneas (Aveni 1990).

Este ejemplo ilustra la necesidad de evaluar cuidadosamente la “intencionalidad” de los supuestos alineamientos astronómicos. Para ello existen dos métodos: el estadístico y el contextual (Ruggles 2000). El argumento estadístico solo es aplicable cuando existe un grupo de monumentos similares entre sí que demostradamente estén alineados en forma consistente. Existen excelentes ejemplos del periodo Neolítico en Europa occidental, como las 177 antas registradas en Portugal y España, que se alinean sin excepción hacia la salida del Sol (Hoskin 2001), o los 58 círculos de piedra de Escocia, que consistentemente se alinean con la luna en el solsticio de verano (Ruggles 1999).

El enfoque contextual es mas subjetivo, pero tiene ventajas, pues permite identificar ejemplos únicos de orientaciones astronómicas deliberadas, como Chankillo, y porque facilita abordar preguntas sobre el motivo y significado de estas orientaciones. Así, en el pasaje neolítico en Newgrange, Irlanda, se puede argumentar que el alineamiento a la salida del sol en el solsticio de invierno fue intencional. Dado que el propósito principal de la estructura fue funerario, se puede afirmar también que el alineamiento solsticial expresaba una conexión percibida por sus diseñadores entre los ciclos solares y los conceptos de muerte y ancestro (Ruggles 1999).

Lego de presenciar un amanecer en lo que sería uno de los observatorios astronómicos más antiguos del mundo, queda claro que los pasados habitantes de Chankillo tenían un gran conocimiento del cielo, que aún nos falta descubrir.

Lego de presenciar un amanecer en lo que sería uno de los observatorios astronómicos
más antiguos del mundo, queda claro que los pasados habitantes de Chankillo tenían un gran
conocimiento del cielo, que aún nos falta descubrir.

Por otro lado, la orientación solsticial de la Fortaleza de Sarmizegetusa Regia, en Rumania, tuvo un fin más simbólico que práctico. Se asume un horizonte plano, en vez de montañoso como en la realidad, y no resulta de observaciones directas, aunque sí refleja la influencia de conceptos geométricos en la Grecia Helenística. Por lo tanto, no se puede afirmar que sea una orientación deliberada (Ruggles 2005).

Otro problema común en la práctica de la arqueoastronomía es el uso irregular del término observatorio. Este concepto debe usarse con cautela, pues trae inmediatamente a la mente una imagen evidentemente sesgada en favor de la ciencia occidental y en desmedro de las nativas de antiguos astrónomos realizando mediciones con sofisticados instrumentos (Aveni 1993; Ruggles 2005a).

Concebir los observatorios solo a partir de la perspectiva de la astronomía clásica es un error tan grave como querer atribuir esta función específica a cualquier edificio que contenga alineamientos significativos o que involucre en su diseño la posibilidad de efectuar observaciones astronómicas.

En este sentido, se ha mencionado ya que la ubicación, diseño y orientación de los monumentos prehistóricos refleja a menudo la percepción dominante de cómo está estructurado el mundo. Su orientación, que demasiado a menudo se interpreta automáticamente como astronómica, puede deberse a muchas otras razones, entre ellas el lugar mítico de origen de la sociedad, el ritual de fundación del edificio, las necesidades implícitas del diseño, la topografía, etc.

Si la orientación en efecto es hacia un evento astronómico importante, comprobable culturalmente, podría ser interpretada como la asociación simbólica de este monumento con una fecha significativa del año. Este gesto simbólico a menudo está perpetuado en el ritual y práctica establecidos en esta sociedad.

Pero aun en estos casos en que se comprueba la validez cultural de un alineamiento astronómico, no siempre se tratará de un observatorio. Este punto se ilustra muy bien con los recientes debates acerca de la función e importancia de las estructuras denominadas como Grupo E, en el territorio maya del Petén, Guatemala, uno de los conjuntos de monumentos más significativos de las Américas relacionado con los movimientos del sol.

Estas cincuenta estructuras en el Petén derivan su nombre de su similitud con una estructura conocida como Grupo E, construida alrededor de 200 a 300 d.C. en la ciudad maya de Uaxactún, y que es famosa por incorporar alineamientos arquitectónicos que pueden servir como puntos de referencia para observaciones razonablemente precisas de la salida del sol durante los solsticios y equinoccios. Por lo tanto, es bastante reconocida como un observatorio solar (Aveni 2001).

Sin embargo, el resto de estructuras del tipo Grupo E, que son relativamente contemporáneas, muy similares en forma y se encuentran en sitios cercanos, por lo general no presentan las mismas alineaciones exactas que en Uaxactún (Aveni, et al. 2003). Además, el observatorio de Uaxactún fue modificado en una fecha posterior, con lo que quedó inservible para observaciones rigurosas (Aveni y Hartung 1989). Una interpretación posible es que, mientras que algunas de las estructuras tipo Grupo E incorporaron alineamientos solares efectivos, otras eran réplicas no funcionales (Aylesworth 2004) cuya importancia en cuanto a rituales calendáricos y ceremoniales no necesitó ser reforzada por observaciones reales del sol. De hecho, el término observatorio parece aplicarse solo al propósito inicial de un número limitado de sitios maya.

Abundan ejemplos de sitios prehistóricos en los que se han identificado alineamientos solares y lunares a partir de los cuales se afirma que se trata de un antiguo observatorio. Desafortunadamente, en la mayoría de los casos la evidencia ha demostrado ser estadística y arqueológicamente errónea. Este es el caso de Stonehenge, Inglaterra, donde solo un alineamiento solsticial del eje principal de la Fase 3 del monumento, que se repite en varios monumentos similares, cercanos y contemporáneos, está establecido con toda seguridad (Ruggles 1999, 2007).

A la luz de las lecciones importantes contenidas en estos ejemplos, debe reservarse la categoría de observatorio para un tipo de edificio usado para observaciones astronómicas, pero no como gesto simbólico, sino de manera empírica, directamente para regular el calendario a través de observaciones repetidas a lo largo del tiempo, como lo fueron las Trece Torres de Chankillo (Ghezzi y Ruggles 2008).

Agradecimientos

El autor agradece a las personas e instituciones que apoyaron sus investigaciones arqueológicas en Casma. En primer lugar, a los arqueólogos y voluntarios que participaron en el proyecto Chankillo desde el año 2002. Una mención especial merece José Luis Pino, por sus mediciones preliminares de alineamientos astronómicos. Por su parte, diversas instituciones (Yale University, Pontificia Universidad Católica del Perú, National Science Foundation, Wenner-Gren Foundation for Anthropological Research, Laboratory of Tree-Ring Research, University of Arizona, Field Museum, Schwerin Foundation, Earthwatch Institute, Asociación Cultural Peruano Británica, Asociación Ancash y Global Heritage Fund) financiaron diversos aspectos de las investigaciones arqueológicas en Casma y Chankillo.

2 pensamientos en “El Observatorio Solar de Chankillo

  1. amigos: estamos descubriendo la verdad de las ciencias, quien es antiguo, nosotros del tawa inti suyu o ellos, digo de europeos, africanos, orientales…..nosotros de sud america hemos exportado cultura de conocimiento, alimento y el saber al mundo, mi modesta opinion

    • Somos descendientes y poseedores de un conocimiento ancestral, de una cultura milenaria, de la cual debemos sentirnos orgullosos. Tal como resaltas hemos exportado cultura, conocimiento y alimentos al mundo.
      Gracias por tu visita y excelente comentario.

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