Moray: Centro ceremonial para la crianza de semillas

Andenes de Moray

Autor: Julio Valladolid Rivera

Moray es un conjunto de sistemas de andenes circulares concéntricos de construcción inka en grandes depresiones situadas al oeste del pueblo de Maras y en la parte alta del Valle Sagrado de los Incas.

El de mayores dimensiones, en 200 metros de diámetro en su borde superior y que tiene andenes mejor conservados y en proceso de restauración, es denominado Qechuyoq que muestra de manera clara la orientación agro astronómica de sus canales y escaleras que unen los andenes concéntricos. La ubicación de estas escaleras y de los canales muestran que están orientados hacia la salida, culminación y puesta de los astros como el sol, la luna llena y determinadas constelaciones inkas: Colca (Las Pléyades); Amaru (Escorpio) y la gran constelación de la Cruz Andina o Cruz Cuadrada, que no es la Cruz del Sur, denominada ritualmente Huillca Chacata (Cruz Sagrada). Los momentos del “caminar” de estos astros, sobre todo en los horizontes este, oeste y sur, marcan momentos claves para la crianza de la diversidad de plantas alimenticias andinas, en condiciones de secano y expuestas a variaciones extremas del clima (sequías,  excesos  de lluvia, heladas, granizadas,  etc.)

Plano de Moray

Todas estas evidencias muestran que Qechuyoq es un calendario ritual agro astronómico inka, visto y apreciado desde la cosmovisión andina de los yachaqs (los que saben, los que tienen “mano” para “conversar” con las deidades andinas); es decir, desde la manera cómo los inkas, que construyeron Moray percibían y se relacionaban con su entorno natural y cultural. En este sentido el presente artículo es un esfuerzo de interpretar Moray desde la concepción andina y no desde la concepción tecnocientífica de occidente moderno que corresponde a otra cosmovisión y a otro momento.

Esta interpretación  desde la cosmovisión andina, deviene de compartir vivencias durante 30 años en la crianza de las chacras con los campesinos  criadores  de diversidad de plantas y animales, que aún conservan los milenarios saberes de crianza de la diversidad y variabilidad de plantas, de quienes seguimos aprendiendo.

Pata Raymi  – Andamarca

Las vivencias actuales en momentos rituales de crianza de las chacras que los campesinos celebran en los centros rituales inkas de Tipón y Raqchi (Cusco), nos ayudaron a encontrar evidencias de la crianza de diversidad de plantas y animales en Moray. De esta forma, se puede decir que estos andenes circulares concéntricos, constituyen centros ceremoniales donde se criaba ritualmente la diversidad y variabilidad de plantas de acuerdo a un calendario agrícola milenario, que en sus características más generales, está aún vigente para la agricultura bajo lluvia, que practican la gran mayoría de los campesinos, de los ahora llamados pequeños agricultores familiares.

Cosmovisión andina criadora de diversidad


La cultura andina desde sus más lejanos orígenes fue, es y será una cultura chacarera, una forma de vida basada principalmente en la crianza de la diversidad en las chacras. Es muy diferente a la cultura nacional dominante a la que pertenecen muchos de los técnicos de las ciencias naturales y sociales. Aun con profundas reflexiones que parten exclusivamente desde sus puntos de vista, los científicos interpretan sin penetrar el sentido de las evidencias materiales presentes en la arquitectura, tejidos, cerámica y restos de plantas y animales encontrados principalmente en los centros ceremoniales prehispánicos.

En la concepción andina, todo lo que existe tiene vida y recibe el trato de persona y, lo que es más importante, se considera que todos son miembros de su familia (Ayllu). Es decir, todos reciben el trato familiar de madres: Pachamama (madre tierra), Yakumama (madre agua), Mama Quilla (madre luna), Kawsay Mama (madre semilla), etc.; o padres, Taita Orqo (padre cerro), Taita Inti (padre sol), etc. En el idioma aimara, a los cerros de respeto se les denomina Achachila que significa abuelito. Por estas personas se tiene un cariño y respeto como el que se siente hacia los padres biológicos. Este cariño de familia es correspondido, de tal manera que siempre están ritualizando con los cerros de respeto. En este sentido, el ritual no es otra cosa que una manifestación de cariño, de respeto hacia sus madres, padres, abuelitos, etc., con quienes  “conversa” e invoca amparo y acompañamiento para la crianza de la diversidad de plantas y animales a partir del cultivo de las chacras y el paisaje. Así, los humanos (runas), crían las chacras haciendo ayni (trabajo comunitario) con sus deidades (wakas) y también con los otros miembros de la naturaleza (sallqa). Los runas, wakas y sallqa del territorio (pacha) donde viven en Ayllu (familia) se crían mutuamente, para criar la armonía.

Rituales del agua, de la siembra y cosecha

Los  momentos más intensos  de esta crianza mutua se dan en los rituales comunitarios  realizados a lo largo del año agrícola, en los centros ceremoniales pre- hispánicos; en esos momentos especiales es donde se volvían a armonizar ritualmente todos los miembros del Ayllu para seguir criando la diversidad de plantas necesarias para su alimentación (suficiencia alimentaria). No solo se alimentan  los runas, también deben alimentarse las wakas y la sallqa, a quienes ritualmente  se les ofrendaba, por ejemplo, los primeros productos de las siembras muy tempranas (siembras mahuay, michka o milli, en el idioma aimara) en la época de las primeras cosechas. En la cosmovisión andina el compartir ritualmente  con las deidades en los meses de febrero y agosto, tiene profundo significado de reciprocidad con las wakas y sallqa, para que sigan haciendo ayni con los runas para criar ritualmente la armonía entre todos los integrantes  del Ayllu (deidades, naturaleza,  humanos).

Agricultura andina: crianza de la diversidad y variabilidad de plantas y animales


En los Andes, a lo largo de 10,000 años a más, se ha presentado una alternancia de cambios  climáticos  cálidos seguidos por cambios climáticos fríos. Los expertos paleoclimatólogos (Thompson y otros  1995, 1992, 1986, 1985 y Absy 1980 y los arqueólogos  Cardish,  A. 1998, 1984 y Rodríguez Suy Suy, V.A. 1991) han determinado para estos 6,000 últimos años, en los Andes, una alternancia de por los menos cuatro cambios climáticos fríos, con cuatro cambios climáticos  cálidos: las culturas andinas prehispánicas desde Caral (5,500 a.p.) hasta el Tahuantinsuyo  (700 a.p.), han vivenciado estos cambios climáticos, habiendo sobrevivido gracias a que criaron diversidad y variabilidad de plantas y animales que fueron cultivadas con saberes pertinentes para estas condiciones de cambios climáticos.

La gran diversidad (diferentes especies) y variabilidad (diferentes variedades dentro de cada especie) sobre todo de plantas (3,500 variedades  de papas nativas  cultivadas y 1,600 cultivares  de maíces), son pruebas más que suficientes de esta crianza de la variabilidad hasta hoy existente.

Crianza de la biodiversidad

Los saberes de crianza de esta diversidad y variabilidad de plantas cultivadas, en un contexto de cambios climáticos fríos y secos, también  son numerosos. Se tiene un registro, en forma de cartillas de más de 3,000 saberes de crianza: PRATEC 2006; Asociación Chuyma de Apoyo Rural 2007; ABA 2008. Estos saberes aun los practican los campesinos altoandinos, herederos de esta milenaria sabiduría andina.

En este sentido, la diversidad y variabilidad de plantas y animales de origen andino, los saberes de crianza de las chacras y el paisaje, son “hijos” de estos cambios climáticos,  es decir, ya están adaptados a ellos, siempre que se críen en mezclas de especies y variedades y con los saberes de crianza pertinentes a esta agricultura de secano, con extremos climáticos como son los que predominan en nuestro país.

Los Saberes andinos  de crianza de la diversidad en las chacras y el paisaje son las denominadas  “señas”, secretos y prácticas de cultivo. Las señas son cambios que presentan las plantas generalmente silvestres de acuerdo a las también cambiantes condiciones climáticas donde crecen cada año. Por ejemplo, si en el territorio  de una comunidad campesina, una determinada planta silvestre en la época de siembra, presenta abundante floración, es “seña” de que el año agrícola tendrá suficiente lluvia; y si en otro año y en esta misma época de siembra, esta misma planta presenta poca floración, “nos dice” que habrá poca lluvia.

Los  animales silvestres  también son “señas”: con su cambio de color de pelaje, la intensidad de sus aullidos o la altura del vuelo de ciertas aves o el cambio en su can- to, “nos dicen” si el año será lluvioso o con poca lluvia. Los astros como la constelación de las pléyades  (suchu,  colca,  qoto, cheje,  etc.) con su mayor o menor brillo de las estrellas que la conforman, también  son seña. En realidad en el mundo andino todo es “seña”, solo hay que saber “leerlas”. Las señas son locales, cada comunidad tiene sus propias señas. Aquí no hay pretensión de universalización, sin embargo algunas, como determinados  astros, son comunes en varias comunidades.

“Los secretos”, es un decir, ya que su significado es compartido  por los miembros de una comunidad. Son aquellas prácticas que realizan las familias campesinas porque les da los resultados que ellos esperan. Por ejemplo, en el mundo  de los campesinos criadores de diversidad de plantas, nadie siembra en luna nueva (wañu) porque no da buenos resultados. En cambio, si en esta luna se hace el empadre (cruzamiento) de los camélidos sudamericanos, la mayor proporción de las crías van a ser hembras, que es lo que busca un buen criador de llamas o alpacas, para incrementar su hato. Los secretos, vistos desde la cosmovisión tecno-científica,  no tienen una explicación racional y se consideran  creencias, supersticiones.

Las prácticas de cultivo,  se refieren  a las actividades de crianza de las chacras, que los campesinos realizan trabajando en grupos de ayni: el barbecho (preparación del suelo de las chacras que van a ser sembradas en el siguiente año agrícola), las siembras, los aporques (amontonar  tierra alrededor de las plantas de cultivo para un mejor crecimiento  de ellas) y las cosechas. Por ejemplo:  la siembra  se realiza  de una manera u otra, de acuerdo a lo que “dicen” las señas; así, el sentido de los surcos de acuerdo a la pendiente del suelo y la manera como hacerlos difiere si el año va a ser seco o lluvioso.

Para una agricultura bajo lluvia (secano), que como ya expresamos anteriormente,  es la que predomina en el país, el 64% de todas las chacras cultivadas se realizan bajo estas condiciones (INEI 2012), las “señas”, los secretos y las prácticas de cultivo, son las más pertinentes en un contexto de cambio climático.

La estrategia que permitió y aun permite tener suficiencia alimentaria,  que como dicen los  campesinos: es  sembrar de todo, para comer de todo, entre todos (humanos, naturaleza y  deidades),   es sembrar  mezclas de especies y variedades, en varias pequeñas chacras situadas a diferentes alturas y en diversos momentos de siembra.

Paisaje andino. variablidad de siembra la clave de la seguridad alimentaria

Una misma familia campesina  tiene varias chacras, en varias de ellas siembra mezclas de granos andinos, en las zonas más bajas, en diferentes momentos. En varias otras chacras, siembra mezclas de tubérculos andinos; en las zonas de cultivo más altas también en diferentes momentos, es decir, estas siembras, en cada zona de crianza las realizan hasta en cuatro momentos; una muy temprana (mahuay o michka) cuando aún las lluvias son esporádicas. Se hacen en la época seca del año con el agua de puquio (“manante”) o de pequeños  riachuelos. Las otras tres siembras (hatun tarpuy) corresponden a la época donde las lluvias son más frecuentes  e intensas  (época lluviosa), aun en este periodo existe una siembra temprana (ñaupa tarpuy) otra intermedia (chaupi tarpuy) y otra tardía (qepa tarpuy). Esta manera de criar diversidad en las chacras es posible realizarla con trabajos en grupos de ayni (trabajo comunitario).

El campesino criador de diversidad, al inicio de cada práctica siempre pide permiso, en señal de respeto a sus deidades invocando su amparo y acompañamiento. A esto lo llamamos ritual o “Pagapu”. El ritual, desde la cosmovisión andina, es muy importante en el cultivo de las chacras y la crianza de los animales para también criar a la vez la armonía del Ayllu que conviene al fluir de la vida de toda la comunidad. En quechua se dice, Ayllupi Sumac kaw- say, o sea ‘Vivir bonito en familia’.

Campesinos de las comunidades de Matara y San Marcos (Lambayeque) llevan la diversidad de los productos de sus chacras – Fuente Guía de saberes para la crianza de la Agrobiodiversidad Andina

Dentro de todo este proceso que implica la agricultura andina, el gran ritual comunitario en la época de los inkas se realizaba en el solsticio del mes de junio.  Se conoce como Inti Raymi, era el momento, después de la selección de la diversidad y variabilidad de las semillas y su almacenamiento, para intercambiar ritualmente entre los miembros de diferentes comunidades que concurrían en peregrinación a los centros ceremoniales.

Los grupos llevaban la diversidad  de las semillas donde, después de los correspondientes rituales a todas las deidades del mundo andino,  se intercambiaba  ritualmente. Esta diversidad, como ya mencionamos,  es indispensable  para asegurar la suficiencia alimentaria  en los territorios (Pacha) de las comunidades. A esta fiesta ritual los campesinos  de Lircay-Huancavelica le llaman Watunakuy (intercambio cariñoso de la diversidad de semillas).

Los centros  ceremoniales  como Qoricancha, Tipón, Raqchi y Moray, no solo eran calendarios agrícolas y lugares sagrados donde  se “conversaba”, con las señas para saber si el año iba a ser seco o lluvioso,  sino también eran lugares donde se intercambiaba ritualmente la diversidad y variabilidad de semillas, base primordial para tener suficiencia alimentaria. En este sentido, el Inti Raymi era un gran Watunakuy. Las evidencias presentes en estos centros ceremoniales, hoy denominados restos arqueológicos, en forma de escaleras, puertas, ventanas,  canales y andenes orientados agroastronómicamente, son evidencias de una fina “conversación” con los caminos del sol, luna llena y de las constelaciones andinas tales como Huillka Chacata  (Cruz cuadrada),  Colca (las pléyades), Amaru (escorpio) para la crianza ritual de semillas cuya diversidad es importante para tener bienestar para todo el Ayllu.

Un bonito ejemplo de todo se encuentra en el Centro ritual de Moray.

El Centro ritual de Moray: Calendario agroastronómico y lugar sagrado de intercambio de diversidad de semillas


El conjunto de andenes circulares concéntricos denominado Qechuyoq tiene dos patios rituales. Uno, situado en la parte alta de forma semicircular, enmarcado por siete andenes (terrazas), con cinco escaleras de piedras, a manera de peldaños que sobresalen en las paredes de cada andén y que están dispuestos en cinco lugares uniendo los siete andenes y dos canales de piedra labrados en las paredes de cada andén, uno solo presente en la pared del primer andén y el otro uniendo los siete andenes.

Andenes de Moray

Estas escaleras y canales tienen connotaciones rituales; su ubicación son seña del “camino ritual  del sol”, la luna llena andina y la constelación de la cruz cuadrada) Huayllca Chacata ubicada en el cielo Sur.

El otro es el patio ritual de forma circular; se encuentra  ubicado en la parte más baja y está enmarcado por siete andenes circulares concéntricos. Más arriba de estos siete andenes, existen otros pero que no circundan el patio ritual circular. Los siete andenes  concéntricos están unidos por ocho escaleras de piedra, semejantes a los ya descritos, ubicados en diferentes direcciones, dos de los cuales enmarcan al único canal ritual que también une los siete andenes concéntricos y está ubicado hacia el sur-oeste del horizonte visto desde el centro del patio circular. Hacia el sur se aprecia también  una especie de “altar” conformado por andenes de terrazas estrechas ubicadas en la ladera encima de los andenes concéntricos.

Todas estas estructuras,  también tienen connotaciones rituales, en especial el altar y el canal enmarcado por la secuencia de dos escaleras que señalan la culminación y el ocultamiento  (puesta) de la constelación de la Cruz Andina (Huillca Chacata). Señalan dos momentos  importantes de la crianza de la diversidad de semillas: la cosecha de la siembra mahuay (siembras muy tempranas) y el inicio de las cosechas de las siembras grandes (Hatun Tarpuy).

Las otras cinco escaleras, y posiblemente otras orientadas hacia el horizonte este, que en el proceso de restauración no fueron reconstruidas,  señalaban  el camino del sol y de la luna llena andina en cuanto a sus salidas y puestas, sobre todo en los solsticios andinos  de los meses de junio (Inti Raymi) y diciembre (Capac Raymi).

También hay que tener en cuenta que desde la concepción  andina de los que construyeron Moray, los astros no eran las únicas deidades a quienes ritualmente se convocaba para que concurran al patio circular. En esos momentos  también ritualmente se convocaba a los Apus (Cerros Sagrados). Algunas  escaleras están orientadas en dirección a estos Apus, por ejemplo, Apu Salcantay, Huillca huaqay (Verónica), que “bajan ritualmente  por estas escaleras para acompañarnos y decirnos” cómo criar la diversidad y variabilidad de semillas, en cada año.

Conversación con el sol, la luna llena andina y las estrellas


Las evidencias más claras de esta conversación ritual con los astros para la crianza de la diversidad de semillas, se aprecia desde el patio semicircular. En el centro se encuentra un recinto sagrado desde donde se “conversaba” con los astros.

Desde este recinto se observan dos escaleras, una situada hacia el sur-este y otra hacia el sur-oeste siguiendo la prolongación de la pared más larga que tiene dos puertas. Desde el medio de esta pared  se observa en el atardecer del solsticio del mes de junio la salida de la luna llena andina por la escalera sur-este. En ese mismo momento  se oculta el sol por la escalera sur-oeste, es decir, la ubicación de estas es- caleras son para que suban y bajen ritualmente la luna y el sol. Cada año esta fecha del mes de junio varía de acuerdo a la salida, en el atardecer de la primera luna llena. En realidad cada mes del año tiene cinco lunas llenas seguidas, donde el disco lunar es circular (luna llena o plenilunio). La sa- lida de la primera coincide con la puesta simultánea del sol. A esta luna la llamamos luna llena andina, marca en el mes de junio el solsticio andino de invierno y el inicio de un nuevo año o wata en quechua. También señala el inicio de un nuevo “caminar” del sol y la luna llena andina en los horizontes  este y oeste mediante  sus salidas y puestas.

Seis meses después, en el mes de diciembre, se observa desde el mismo lugar del recinto del patio ritual semicircular, la salida del sol, por las escaleras situadas al sur-este y la puesta simultánea de la quinta luna llena de dicho mes, por las escaleras ubicadas al sur-oeste. Es decir, es la madrugada del mes de diciembre donde sale el sol y simultáneamente  se oculta la luna llena, es la fecha del solsticio andino del mes de diciembre (solsticio de verano). Las otras dos escaleras hacia el sur-este, sur y los canales rituales hacia el sur-este señalan el camino de la constelación andina de Huillca Chacata (Cruz cuadrada  que no es la Cruz del Sur) conformada por siete estrellas de primera y segunda magnitud del cielo sur que forman una cruz cuadrada de brazos iguales. Esta constelación, acompaña al chacarero criador de diversidad, respetuoso de sus deidades, en los momentos más importantes  del cultivo de las chacras, siembra y cosechas.

Aproximadamente el 1 y 2 de noviembre, día de todos los santos y de los difuntos del calendario litúrgico católico que coincide con la plena siembra grande (Hatun Tarpuy)  de los tubérculos  andinos,  sale Huillca Chacata alrededor de las 4:00 a.m. por la escalera situada hacia el sur-este.

A mediados del mes de febrero, fiesta de los carnavales pukllay y pallchay en las chacras, culmina Huillca Chacata también alrededor de las 4:00 a.m. Es decir, se encuentra en su punto más alto con respecto al horizonte sur y en dirección a las escaleras orientadas hacia el Sur, que señalan este momento.  En este mes se intensifican las cosechas de los primeros frutos verdes provenientes de las siembras muy adelantadas, realizadas en el mes de agosto (Mahuay o Michka).

Estos primeros frutos tienen connotaciones muy especiales, pues son los que se de- ben entregar ritualmente a la Pachamama (madre tierra) y a los Apus (cerros tutelares de la comunidad). Los campesinos recepcionan estos primeros frutos mediante rituales, henchidos de expresiones de cariño a las nuevas  hijas (semillas). Se siente por ellas el mismo cariño que una madre siente por sus hijas o hijos biológicos.

Alrededor del 3 de mayo, fiesta de las cruces o cruz velacuy, se oculta Huillca Chaca- ta, también muy de madrugada (4:00 a.m). En este momento  se inician las cosechas de las siembras del Hatun  Tarpuy, se ritualiza con Huillka Chacata agradeciéndole por las cosechas y también  se muestra gratitud a la yacuama o unumama  (madre agua) haciéndole “caminar ritualmente” por la secuencia de los siete canales orientados hacia el lugar del horizonte sur-oeste, por donde se oculta Huillca Chacata.

En casi todos los centros ceremoniales prehispánicos, hay canales esmeradamente labrados en piedra que están orientados hacia la salida, la culminación o la puesta de Huillca  Chacata. Esta constelación  se encuentra muy relacionada a los rituales a la yacumama. En una agricultura bajo lluvia, los rituales se invocan para que el agua de lluvia se presente en forma regular para regar las chacras y el paisaje, son vitales. Mediante estos rituales sobre todo los relacionados a las cosechas de las mahuay y Hatun Tarpuy, se reciproca con las deidades madre agua y Huillca Chacata, ofrendándoles la mejor diversidad de se- millas, las lluvias acompañarán regular- mente.

Conversación con las plantas y animales seña, con las plantas madre de los cultivos y las plantas silvestres curativas


Los andenes  de Qechuyoq (Moray) están construidos en las laderas de una gran depresión circular arriba de los siete andenes circulares concéntricos. Existen otros de terrazas más estrechas y aun encima de estos se encuentran creciendo montes, árboles, arbustos y hierbas nativas don- de se encuentran  las plantas “seña” como la cantuta o Qantu, mutuy, chiwanway, sunchu, chin chircoma,  llaulli, ñuchcu. Juntamente con ellas están las plantas madre de los cultivos nativos denominados también parientes silvestres. Hemos podido determinar y tomar evidencia fotográfica de las plantas madre  de la papa, oca, mashua, quinua, quiwicha, tarwi, arracacha, calabaza, tabaco, caihua, es decir, en las laderas que circundan a los andenes concéntricos, donde se cultivaban mezclas de especies y variedades de las plantas alimenticias, se encontraban  las plantas madre de estos cultivos y las plantas seña.

En Moray no solo se cultivaban mezclas de especies y variedades de plantas alimenticias, como los granos y tubérculos andinos, sino también se  criaban las plantas seña, parientes silvestres y plantas curativas. Los animales seña también  vivían en el monte natural que rodea Moray, venados, zorros, culebras, sapos, aves como los cernícalos o killinchos, halcones o huaman, perdices, picaflores y otros pájaros seña. Las plantas silvestres con propiedades medicinales eran criadas en mezcla, posiblemente en los andenes más altos. Estas plantas que crecen en estos lugares sagrados fortalecían su “ánima”, de tal manera que aumentaban sus efectos curativos.

Conversación con los Apus, yacu- mama y las Kawsay mama


El Centro ritual de Moray, se encuentra rodeado de Apus (cerros deidades) como Salkantay,  Huillca Huaccay (Verónica), Chicón, Puma Huanca y otros Apus locales. Algunas  de las escaleras que unen los andenes concéntricos están alineadas en dirección a algunos de estos Apus.

En uno de los rituales realizado en el patio circular, nos acompañó un yachacc anciano. Nos dijo que cuando se invoca a los Apus, ellos ritualmente  bajan por las escaleras hacia el patio circular. También se llamaba  a la madre-agua (yacu o uno–mama) y como ya expresamos anteriormente,  en esos momentos se le hacía caminar por los canales finamente labrados en piedras. Estos canales verticales que unen los siete andenes concéntricos,  no solo eran para llevar agua de riego, sino principalmente para fines rituales.

En los Andes, si no hay lluvia, no hay chacras y si no hay chacras no hay comida para que el Ayllu (naturaleza, deidades y humanos) viva en armonía. Sin diversidad de alimentos se altera seriamente la paz social, algo que hoy en día requiere el país.

La crianza ritual de mezclas de especies (policultivo) y variedades en los andenes concéntricos de la parte baja y semicircular de la parte alta

La cosmovisión andina de la crianza de la diversidad  presentada  anteriormente nos ayuda a explicar y darle sentido a la orientación agroastronómica de las construcciones de los andenes, sus escaleras y canales. Es más, nos permite identificar  los momentos rituales para la crianza de la diversidad que señalan estas estructuras.

Llama la atención la presencia de siete andenes unidos por escaleras y canales en ambos patios rituales. Una posible explicación de este número de andenes, se expondría si consideramos que entre los saberes de crianza de la diversidad de plantas, las mejores lunas para realizar las prácticas de cultivo (barbecho, siembras, aporques y cosechas) están alrededor de la luna en cuarto creciente: tres lunas antes y tres lunas después de cuarto creciente, en total siete lunas favorables, donde siete grupos de ayni, uno para cada anden y para cada luna favorable, podían realizar la práctica de crianza correspondiente.

En las terrazas de los siete andenes de la parte baja se sembrarían  mezclas de especies y variedades de granos andinos (maíz, quinua, kiwicha, calabaza, caihua) por estar estos andenes más protegidos. En los siete andenes de la parte alta, que son lo más expuestos a friajes y vientos fuertes, se sembrarían mezclas de tubérculos andinos (papa, oca, olluco, mashua) resistentes a estas condiciones.

La sabiduría de los criadores andinos de entonces, y de sus herederos que viven en la actualidad en las comunidades campesinas altoandinas, les permite poner las mezclas más pertinentes a cada andén.

En el caso de los tubérculos andinos, debieron hacer una rotación  vertical,  es decir, después de cierto número de años de cultivo subir las variedades de los andenes más bajos hacia lo más alto para que los tubérculos  se “refresquen”, se vigoricen al bajar sus niveles de infección e infestación de microorganismos  e insectos, debido a las condiciones de frío imperantes a mayor altura. Actualmente así lo hacen los campesinos criadores de tubérculos, especialmente  papas: después de sembrar las mismas variedades en las chacras de las partes bajas durante varios años, suben sus variedades a las chacras situadas en las partes más altas, para después sembrar estas semillas refrescadas nuevamente en las chacras de las partes bajas.

Moray: Centro ceremonial donde se intercambia ritualmente la diversidad de semillas


El Solsticio andino del mes de junio está marcado por la salida de la luna llena andina de dicho mes y puesta simultánea del sol por las escaleras rituales correspondientes. Las comunidades  andinas  de los lugares aledaños a Moray, habrían concurrido en peregrinación llevando la diversidad de sus semillas para intercambiar ritualmente con otras comunidades y también para llevar algunos  tubérculos  o granos que habían crecido en los andenes de Moray y que por lo tanto tenían su ánima muy fortalecida. Estas semillas eran muy apreciadas y se llevaban  para ser mezcladas con sus semillas seleccionadas para que de esta manera, ellas también fortalezcan su ánima, crezcan y produzcan bien.

El lugar donde se realizaban los rituales correspondientes  al Solsticio andino de junio y al intercambio ritual de diversidad de semillas (Watunakuy), era el patio ritual semicircular donde también intercambian ritualmente la diversidad de semillas de los andenes altos con los producidos en los andenes bajos.

Plano de Moray – INC Cusco

Este momento ritual lleno de manifestaciones de cariño y respeto a la diversidad de semillas (Kawsay mama) en el cual la semilla era también una deidad, era un gran Inti Raymi. Allí las comunidades enriquecían su diversidad de semillas para tener suficiencia alimentaria para todo el Ayllu a pesar de los extremos climáticos, cuya frecuencia e intensidad se acrecienta con el cambio climático.

REFLEXIÓN


En conclusión, hemos profundizado la interpretación de las evidencias estructurales de Moray, como un centro ritual de crianza de la diversidad y variabilidad de semillas en un contexto de cambio climático.

Actualmente,  considerando  los efectos del cambio climático cálido sobre la agricultura que practican los  llamados pequeños productores  familiares,  vemos que esta sabiduría, la milenaria sabiduría de crianza de diversidad, todavía está vigente. Entonces la llamada agricultura andina se constituye  en una alternativa social, cultural, económicamente más viable frente al cambio climático y para seguir teniendo suficiencia alimentaria para las mayorías poblacionales del país. Desde la cosmovisión andina del pasado y del presente, Moray se constituye en el mejor ejemplo de crianza de esta diversidad y variabilidad de semillas.

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Un pensamiento en “Moray: Centro ceremonial para la crianza de semillas

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